Sobre la corrupción en el Perú



La corrupción puede ser abordada desde dos perspectivas, que en absoluto son antagónicas; más bien, creo, permanecen en un tipo de relación de género a especie. En efecto, por un lado, es posible entender la corrupción como actos o manifestaciones concretas del uso particular de la función pública delimitados en la legislación administrativa o penal , pero, por otro lado, es necesario entender la corrupción en un sentido más amplio, esto es, como un clima de mentalidad colectiva, sentimientos y práctica histórica que denominamos “fenómeno de la corrupción”. Coincidiendo con el profesor Hurtado Pozo, consideramos que esta dimensión es la más importante a tener en cuenta, dadas las repercusiones negativas que tiene en la vida general del país, y porque es la que sostiene o explica de algún modo las manifestaciones concretas de corrupción habitual. En este acápite nos detendremos en esta última perspectiva de la corrupción para luego, en los puntos siguientes, ir descendiendo a los mecanismos extra jurídicos y jurídico-penales para la contención de las manifestaciones concretas de la corrupción. Pero, ¿por qué tanta preocupación por la extensión de la corrupción en nuestra sociedad actual? ¿Qué hay de nuevo en una práctica que se conoce hace tanto tiempo?

La corrupción es un problema que aqueja a muchos países, y el Perú no escapa de esta realidad. Es un país pluriétnico, pluricultural y multilingüe, donde los gobiernos que se sucedieron desde 1824 hasta la fecha no han tenido la voluntad de forjar una nación unitaria, diversa ni descentralizada. Al contrario, todo el poder político se concentra en Lima, desde donde aún se gobierna.

¿La corrupción es un problema o es algo sustancial para cubrir necesidades? ¿Forma parte de la naturaleza humana o es una enfermedad que debemos erradicar? ¿Existe en el país un grado de aceptación? Lo cierto es que la sociedad se encuentra en una constante lucha para obtener el menor grado posible de corrupción en el país o, por lo menos, es que lo que se desea aparentar.

Un problema permanente

Según el último Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International, Nueva Zelanda y Dinamarca son los países menos corruptos del mundo, con puntuaciones de 90 sobre 100. Perú se ubica en el puesto 101 de 176 países, con una puntuación de 35, que refleja un alto nivel de corrupción.
Según la última Encuesta Nacional Urbano-Rural, la corrupción es el principal problema del Perú, seguida por la delincuencia y la inseguridad.

Corrupción Institucionalizada

Para muchos estudiosos; "la peor corrupción que ha vivido el Perú, por su gravedad, magnitud y generalización. Imperó, en los noventa, un régimen político íntegramente dedicado a saquear los recursos del estado, en un país con el 50% de pobreza y 20% de extrema pobreza. Un régimen que diseñopara ello un engranaje perverso maquiavélico, sin ningún tipo de límite o escrúpulo: crímenes, extorsión, violaciones de derechos humanos, control y manipulación de instituciones, compra de medios de comunicación, tráfico de armas, narcotráfico, operativos psicosociales, etcétera. Y buscó y logró cómplices en todos los sectores y ámbitos del país.



Todo está documentada con pruebas irrefutables; vladivideos, declaraciones de "arrepentidos", de "colaboración eficaz", cuentas mal habidas multimillonarias en Suiza, EE.UU. (etc.), el Informe de la Comisión de la Verdad (CVR) es contundente hay responsabilidad política y penal." (Muñoz, 2014).

CAUSAS 
Determinar las causas de este fenómeno es realmente una tarea que escaparía a una modesta exposición como la presente, sin embargo, diversos investigadores han planteado algunos factores que condicionan la aparición y desarrollo de la corrupción: 
– La ausencia de valores en la sociedad, lo que explica la interesada poca claridad para determinar lo correcto de lo incorrecto en el ejercicio de la función pública. Un ejemplo de lo mencionado lo encontramos en las declaraciones del líder político Luis Bedoya Reyes cuando, respecto del proceso penal seguido contra su hijo, Bedoya de Vivanco, por complicidad en delito de peculado realizado por Vladimiro Montesinos, señaló que su hijo había cometido, en todo caso, un pecado, pero no un delito. 
  • La distribución política del poder en la administración pública de forma intolerablemente concentrada, discrecional y sin ejercicio transparente del mismo . Puede citarse como ilustración los innumerables decretos supremos secretos emitidos por el gobierno del ex presidente Fujimori, por medio de los cuales se dispuso transferir fondos de los ministerios de Defensa y del Interior al Servicio de Inteligencia Nacional. Precisamente, gran parte de estos fondos sirvieron para “sobornar” a múltiples funcionarios públicos (congresistas tranfugas, magistrados judiciales y fiscales y oficiales militares) y empresarios (publicistas y dueños de medios de comunicación) para mantenerlos adheridos al régimen de turno, abdicando de sus deberes esenciales de independencia en el ejercicio de sus funciones. 
  • La coyuntura de una sociedad subdesarrollada que encara un periodo de crecimiento y de modernización . Esta es la coyuntura que atraviesa actualmente el Perú, por lo que debe mantenerse mucha atención y no relajar los sistemas de control sobre el gasto público. 
  • Factores sociales y políticos de raigambre histórica (esencialmente desde el Virreinato) en el Perú que han determinado que los funcionarios públicos perciban al Estado como un botín a conquistar y aprovechable, prescindiendo de las normas y reglas establecidas. 
  • Finalmente, se nos presenta un aspecto singular propio del desarrollo político de nuestro país en la década de los años 90. Me refiero al sistema político autoritario impuesto por el régimen de ese momento y que engendró un acentuado nivel de corrupción política sin precedentes en el país. Corrupción de corte instrumental a efectos de mantener el poder gubernamental sin posibilidad de control. De ello da cuenta la situación que atravesó el Poder Judicial, el Ministerio Público, el Congreso de la República, la Academia Nacional de la Magistratura, el Tribunal Constitucional, la prensa, entre otros entidades estatales y privadas. 
Esa concentración del poder determinó que la corrupción avanzara a niveles que ninguno de nosotros imaginó. A eso se debe la importancia de un sistema de administración de justicia independiente en el contexto de un Estado democrático que necesita consolidarse. 

El peor de los males que aqueja a una sociedad olvidadiza, el muro de paja que no puede ser trepado para el Perú. 

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